Sí. La diversidad en una organización está dada por las personas contratadas en el momento de la medición, y cambiar su composición no es rápido y, en muchos casos, tampoco fácil.

No es rápido, por ejemplo, porque en una organización puede estar al 80% conformada por personas de un mismo sexo y cambiar esa proporción implica la contratación de muchas personas, amén de un crecimiento sustancial que lo justifique.

No es fácil, por ejemplo, porque hay sectores que son más masculinizados, como el de la movilidad, o feminizados, como el del personal sanitario, y conseguir profesionales de un género particular puede ser difícil.

Por tanto, lo relevante en un momento concreto es que existan las políticas, los procesos y las prácticas para garantizar la mayor diversidad posible, pero, sobre todo, que ese esfuerzo organizacional tenga el impacto buscado en el equipo que hoy está trabajando.